La propuesta de Los Paisajes del Olivar en Andalucía se presenta desde la nomenclatura de bien en serie en el epígrafe de Paisaje Cultural Agrario, con las tipologías específicas de ser evolutivo y vivo.

No en vano, este cultivo hace que Andalucía sea el primer productor mundial –concentrando el 30% de la producción de aceite de oliva y el 20% de la aceituna de mesa- y que en esta región el olivar sea el mayor referente de su patrimonio agronómico, que forma y ha formado parte de su cultura, su economía y su historia. Todo ello le ha dado el apelativo de cultivo social, pues es la principal actividad en más de 300 municipios y proporciona trabajo y sustento a una media de unos 22 millones de jornales al año, además de propiciar una diversa industria asociada.

Esta candidatura y este sector estratégico para Andalucía está sustentado por el conocido como “mar de olivos”, que constituye paisajísticamente una inmensa extensión de 70 millones de árboles en 1,5 millones de hectáreas, la mayor plantación arbórea de Europa.

Desde estas premisas, la propuesta de inclusión de Los Paisajes del Olivar en Andalucía, en la Lista Indicativa del Patrimonio Mundial de España, ya fue incorporada a la misma a finales de 2016.

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En la defensa de los criterios que señala la UNESCO para su reconocimiento por su autenticidad e integridad, destaca su valor como testimonio único de una tradición cultural, de gran excepcionalidad visual y perceptiva. Es además ejemplo representativo de tipos constructivos arquitectónicos y paisajes de varios períodos de la historia. Como es ejemplo destacado de formas tradicionales de interacción del hombre con el medio. Y todo ello rodeado a acontecimientos o tradiciones vivas, todo lo cual le confiere una identidad excepcional y universal.

Muestras de todo ello se pueden reconocer aún desde el yacimiento de Almedinilla, en el entorno de esa inmensidad de olivos que conforman Lucena, Priego, Cabra y Baena (Córdoba). Como en los vetustos olivares milenarios de Periana en la Axarquía o en Álora (Málaga). Otras manifestaciones espontáneas arrancan desde los acebuchales de Cádiz. Como el discurrir del tiempo ha traído hasta hoy el olivar nazarí de Nigüelas, en el Valle de Lecrín (Granada) y su almazara de Las Laerillas.

También se pueden avistar olivares en la campiña alta jienense del Guadalquivir y visitar la Hacienda La Laguna; o un ejemplo de haciendas barrocas de la campiña sevillana como la Hacienda Guzmán. Se puede divisar olivares de montaña en el valle del río Hornos, en el Parque Natural de Cazorla, Segura y Las Villas; y en Sierra Mágina, con las albarradas de la Huerta de Pegalajar. Hacia el oeste, encontramos los meandros que el Guadalquivir –uno de los grandes protagonistas de este paisaje- hace en Montoro, hasta que la mirada se pierde en dirección a Adamuz y la Sierra Morena cordobesa. A todo lo cual acompaña un patrimonio inmaterial, por ejemplo las pinturas que Zabaleta dejó en Quesada; o la Fiesta de la Aceituna de Martos.

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